Ser padre es, posiblemente, la única labor en el mundo donde te contratan sin experiencia, el horario es de 24 horas y el «jefe» suele comunicarse a base de gritos y demandas impredecibles.
Aunque la narrativa social suele centrarse en la gratitud y la felicidad —que existen, por supuesto—, es fundamental poner luz sobre la otra cara de la moneda: el desafío emocional, físico y psicológico que implica la paternidad.
Ser padre duele porque importa. Las dificultades no son una señal de que lo estés haciendo mal, sino de que estás profundamente involucrado en la tarea más compleja del ser humano. Aceptar que la paternidad es caótica, agotadora y, a veces, frustrante es el primer paso para vivirla con mayor salud mental.
Dentro de las funciones de ser padre encontramos la de organizar y supervisar toda actividad de nuestros hijos por muy básica que sea. Una necesidad instintiva que gira en torno a su protección.
Cuando dejas a los niños en clase, dejas de ser «el papá de» o «la mamá de» por unas horas para volver a ser tú mismo: un profesional, un adulto con pasatiempos, o simplemente una persona que puede beberse un café caliente en silencio. Porque sabes que están aprendiendo, socializando y enfrentando retos fuera de tu burbuja. Los centros educativos están diseñados bajo normativas de seguridad que permiten al padre saber que el entorno es, en gran medida, controlado y seguro. Los jefes de estudios velan por el buen funcionamiento del centro, de los profesores y los alumnos. Pero cuando los alumnos deben realizar una actividad extraescolar fuera del centro es cuando los jefes de estudios se la juegan, es cuando una buena organización y gestión de los alumnos y profesores puede marcar la diferencia. Aquí entra MAOAPP, con sus nuevas funciones de gestión de actividades extraescolares y salidas, herramientas muy potentes que permiten organizar y asegurar una actividad controlada garantizando la tranquilidad de los progenitores y confirmando una vez más que los jefes de estudios son los padres.

